EGO Y VANIDAD, UN PROBLEMA DE ADN DE NUESTRA SOCIEDAD.

Hoy me levanté tarde para ir a clases, tenía tan cerca el celular que al sonar inconscientemente lo apagué, al despertar intenté hacer todo rápidamente para salir lo más pronto posible con ruta a la universidad, pero extrañamente, y aunque no contaba con mucho tiempo al llegar al momento de elegir mis prendas del día me detuve frente al armario a pensar qué me iba a poner hoy, lo curioso es que después de descartar mental y rápidamente varias prendas comprendí que estaba más preocupado del cómo llegar, que pro el mismo llegar, es decir aunque no contaba con mucho tiempo para salir de mi casa y haciendo el resto de actividades en tiempo record hubo una en especial que me quitó más tiempo de lo debido, y esto debido a que ahora nos encontramos en un mundo saturado de ideas, ideas que casi siempre son llevadas a cabo pro excéntricas que sea, el “qué dirán” de hace muchos años no es el mismo que el de ahora, este concepto quizás ha evolucionado o simplemente se ha adaptado, ahora no es el miedo del qué puedan pensar los demás frente a las críticas o a la exclusión social, sino todo lo contrario, ahora aunque suene irónico y hasta un poco paradójico la individualidad es colectiva, hemos vendido nuestra vida al mundo, nos hemos convertido en exhibidores de nuestras propias vidas, hemos abierto una pequeña ventana a todo el mundo sin importar de dónde sea o quién sea para que vea aquello que queremos que vean, nos hemos vuelto comerciantes de nuestras propias vidas, vendemos nuestras ideas, nuestro oficio, nuestra forma de pensar, y hasta nuestra privacidad; quizás esto lo hagamos inconscientemente y solo por costumbre, nuestra sociedad actual viene con un problema de ego incorporado a su genética, la vanidad es un valor que cultivamos todos sin querer, hasta el más desaliñado o desorganizado se siente bien siendo así, y hace todo lo posible por verse así, y esto es vanidad. No solo se trata de las redes sociales y lo que permitimos ver o leer sobre nosotros lo que nos hace ególatras y vanidosos, también la misma moda y nuestra actitud hace que los demás se hagan una imagen de nosotros, lo que sí hay que admitir es que aunque agravamos dicho problema si logramos controlar otro, y es la tolerancia a las críticas, en donde muchos a partir de estrategias como el ignorarlas, tergiversarlas, o simplemente disfrutando de ellas, el estar pendiente de la ida de otros, el juzgar, seguir y comentar nos devela otro de los problemas genéticos con los que viene nuestra sociedad que es el voyerismo, pero dejémoslo para otro día, ya que aunque en parte este problema radique en el anterior, este nos da mucho más de qué hablar.
Entonces al final quizás ahora sí nos interesa más el qué dirán que antes, y por esa necesidad de muchos de llamar la atención a partir de excentricidades en las calles, quizás pidiendo a gritos que los vean y juzguen, entonces tomando esto como cierto podemos decir que lo que en realidad ha cambiado no es la concepción del qué dirán sino el nivel de tolerancia con respecto a cómo se ven o cómo actúan los demás.
“Que lance la primer piedra el que esté libre de pecado”.

Por: Esteban Gómez G.

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