Obsolescencia, el negocio sostenible

Consumo infinito, insumos finitos

Es increíble ver como estamos agotando los recursos del mundo desmesuradamente, pero es más increíble como nuestros abuelos nos heredaron su estilo inconsciente de consumo hacia lo novedoso, pareciera que ahora por simple genética venimos programados a consumir sin necesidad, y si por si acaso alguien viene “defectuoso” y es un poco más consiente, entonces la sociedad refuerza unánimemente la manera “correcta” de vivir haciendo que aquel que piensa diferente quede inmerso en el pensamiento colectivo sin lugar a expresar su punto de vista, ya que esto indispondría de alguna manera a las grandes empresas que no son más que las mismas que implantan el modelo consumista. Para nadie es ya un secreto que las cosas ya vienen programadas para fallar, esta es la herramienta de manipulación con la que las industrias obtienen la dependencia obligada de todas las personas, haciendo uso de la gran fórmula que le da poder a los nuevos procesos de consumo y obsolescencia programada que es la suma de tres factores de gran importancia para la vida diario de todas las personas, la publicidad con su gran poder de persuasión garantizará siempre usuarios con sed de querer eso que al final de cuentas es solo un poco mejor que lo que ya tienen, el segundo factor es la obsolescencia programada, que garantiza que nada durará para siempre y que siempre se deberá renovar o cambiar por otro más nuevo que dure “un poco más”, el tercer factor que cierra esa triada de en sueño para las empresas son los créditos, de esta manera se garantiza que aunque las personas no tengan dinero puedan seguir consumiendo y obteniendo eso que “necesitan” y que irán pagando de a poco aunque terminen pagándolo al doble del precio y en unos cuantos años, pero allí está la eficacia de la triada, como ya la obsolescencia se encargó de que el producto durará poco entonces al terminar de pagarlo ya este no funciona más, y como la publicidad ya persuadió al consumidor entonces éste pide un nuevo crédito para poder comprar su nuevo producto, y de esta manera quedamos atrapados en la trampa del ciclo constante del consumismo. Otro problema es que son pocos los consientes que viven en este mundo de consumo desenfrenado intentan alertarnos de lo que generará dicho estilo de vida, pequeños movimientos como los ecologistas intentan promover la cultura verde, y en donde casi que por moda o por simple fachada estratégicamente muchos se “unen” solamente para no dejar que los remuerda su conciencia, o que otros los señalen, pero bueno, lamentablemente ese sueño verde y esa conciencia de consumo solo es un ideal, ideal que va encontrar de la marea de los grandes oligopolios, de las grandes industrias, de los estados, por esta razón solo se quedará de esta manera, una forma diferente de pensar, y aunque parezca que está tomando fuerza, solo está siendo controlada y mediada por las empresas que alardean de tener procesos transparentes y amigables con el ambiente.

Y aunque nos duela admitirlo somos todos los que hemos caído en ese juego de consumo en donde por la ambición de unos pocos estamos acabando con lo poco que nos queda de mundo y de humanidad, convirtiéndonos en robots que siguen órdenes sin posibilidad de preguntar o debatir, porque tristemente ya nos han entrenado para que perdiéramos nuestro sentido crítico e inconforme, arrebatándonos nuestra libertad y actuando según el manual.

Por: Esteban Gómez Gómez

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